La  mini-review del Dr. Quing Yang, “Gaining weight by going diet?”, que analiza el efecto de los edulcorantes en la dieta, nos puede ayudar a resolver el conflicto relacionado con el uso de edulcorantes. En este artículo trataremos de presentar la cuestión de forma lo más objetiva posible para dejar a vosotros, lectores, la elección de endulzar o no las bebidas.

Edulcorantes artificiales: un poco de historia

El ácido anhídrido-orto-sulfamin-benzoico, aproximadamente 300 veces más dulce que el azúcar, es uno de los primeros edulcorantes artificiales sintetizados por Constantine Fahlberg; hoy lo conocemos como sacarina y se comercializó en principio exclusivamente para las personas con diabetes.

Han continuado las investigaciones en este campo y se han obtenido diversos edulcorantes: del ciclamato al aspartamo al neotame, al acesulfame de potasio, hasta llegar a la sucralosa, que es 600 veces más endulzante que el azúcar, que se obtiene por simple sustitución de un grupo químico en la molécula de la sacarosa (es decir, el azúcar de mesa común).

Los edulcorantes y los alimentos que hacen engordar

Para mantener el sabor dulce en la dieta, en un vano intento de evitar los alimentos que hacen engordar, se recurre a menudo al uso de edulcorantes para satisfacer el deseo de dulce sin comprometer la pérdida de peso. La eliminación o reducción de azúcar y edulcorantes calóricos (miel, fructosa, jarabe) es ciertamente útil para lograr un estado de forma y salud óptimas. ¿Es cierto que puede ayudar recurrir a los edulcorantes artificiales?

Según los datos de los estudios epidemiológicos, sucede lo contrario. Como puede verse en la siguiente imagen, el porcentaje de personas con un IMC > 30 se incrementa en el transcurso del tiempo, a pesar de que ha crecido de forma similar el consumo de edulcorantes

Hay que subrayar que se han tenido en cuenta estudios observacionales o prospectivos que muestran como a lo largo de los años aumenta el consumo de azúcar:

Se podría llegar a la conclusión que la razón de porqué se engorda se puede atribuir al aumento del consumo de azúcar (o, en general, de más comida basura) y no sólo de los edulcorantes. En este punto podemos intentar de responder a otra pregunta: ¿Y si hubiera una correlación entre un mayor consumo de edulcorantes y también de azúcar?

La pregunta surge principalmente como resultado de algunos de los estudios citados por el autor (ensayos aleatorios y controlados) en los que se compararon dos muestras de personas, una consciente de consumir algunos productos light (endulzados con aspartamo), y la otra no. La primera muestra tenía tendencia a comer más que la segunda, lo cual sugiriere un comportamiento compensatorio: las calorías «ahorradas» con productos light me permiten darme un capricho más.

 Estudios experimentales sobre los edulcorantes y sobre los alimentos que hacen engordar

Ya se sabe por los artículos que tratan de neurobiología del control alimentario que el sabor dulce aumenta el consumo de los alimentos o, más bien, el impulso hacia ellos. De la review se puede entender que la ingesta de cápsulas de aspartamo no implica ningún cambio en las puntuaciones de hambre y saciedad, mientras que la ingesta de agua endulzada con aspartame, sí; por lo tanto, se determina que un mayor deseo por los alimentos dulces depende del sabor y no del edulcorante en sí. Además, beber agua endulzada no provoca el mismo efecto que el agua azucarada; de hecho, esta última reduce efectivamente la sensación de hambre o el deseo por consumir otros alimentos dulces. Ante el sabor dulce, pero sin aporte energético, el cuerpo nos lleva a colmar esta falta, y nos empuja inevitablemente hacia los alimentos que contienen estos nutrientes. Por ejemplo: si bebo una Coca-Cola Light, probablemente, mi organismo se preguntará dónde están las calorías atribuidas a ese sabor dulce y me va a empujar a consumir alimentos para compensar la falta de contenido energético.

Respuesta neuronal

Mientras tanto, entendemos que el hambre se divide en dos componentes, uno puramente gustativo, y el otro consecuencia de la entrada de los nutrientes en el torrente sanguíneo después que han sido digeridos y absorbidos; se incluye también la food reward, o sea, la gratificación inducida por los alimentos. Los dos componentes pueden influirse: a nivel gustativo, se elige el sabor asociado a una mayor densidad de nutrientes; la preferencia por los alimentos light o sucedáneos de alimentos con mayor componente energético, sin embargo, se desvanece con el tiempo.

Podemos decir, entonces, que:

  1. El sabor no se determina sólo por el gusto: si entre el aroma de melocotón y el de fresa prefiero el primero, pero consumo el yogur magro de melocotón y entero de fresa, voy a terminar prefiriendo el aroma de fresa (como sucedió a los niños de uno de los estudios citados).
  2. El sabor siempre debe estar asociado con el contenido energético que le es propio; si esto no es así, la preferencia por estos alimentos disminuye: en línea con el ejemplo anterior, si prefiero el sabor de fresa, que he asociado con el yogur entero, pero empiezo comer sólo yogur magro de fresa, mi preferencia por este gusto irá disminuyendo.

Estas dos consideraciones pueden ser frustrantes, ya que parece que el cuerpo siempre gana; pero, siendo conscientes, se puede sacar ventaja de este mecanismo en nuestro favor: un alimento que consumimos con pocas ganas porque no nos gusta, puede ser enriquecido con otros más agradables y sabrosos a fin de asociarlo y de poder consumirlo, después de un periodo de adaptación, con menos fatiga.

Con respecto a los edulcorantes, el discurso es ligeramente diferente dado que éstos activan sólo parcialmente la respuesta del sistema mesolímbico: está presente el componente del placer, pero no el homeostático. Como ya he dicho, si el cuerpo no recibe las calorías que «esperaba», crecerá el deseo de consumir alimentos.

Se puede adelgazar con una dieta de-edulcorante

Según el Dr. Yang, «de-endulzar la dieta de todo mundo, puede ser la clave para actuar de manera decisiva en el fenómeno de la epidemia de obesidad».

El consumo de alimentos dulces (y densos de calorías) o endulzados implica irremediablemente el consumo de otros alimentos dulces y actúa de manera que se genera la adicción compulsiva al azúcar; esta adicción podría ser una explicación de cómo se engorda. Por tanto, es necesario reducir el consumo en general de azúcar porque, además de la reducción sistemática de grasas y sal sin un sabor «compensatorio» (por ejemplo, sustitutos de grasas y sal sin sodio), conduce a desarrollar una preferencia por alimentos con menos grasa y sal. El mismo mecanismo se establece hacia alimentos “azucarados”.

 

Artículo escrito por Vivereinforma

Web: www.vivereinforma.it

Traducido por Luca Raffaele

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